No quiero juegos free to play, ¿Soy raro?

Los sims

¿Te gustan los juegos free to play? ¿Todavía no te has cansado de ellos? ¿No te gustan? ¿Te consideras raro por eso? No te preocupes, si estás en el segundo grupo, aunque lo parezca, no te encuentras solo. Hay muchas personas que prefieren pagar €1, €2, €3 o incluso €5 por un juego de venta en descarga desde iTunes o Google Play que tener que soportar la mecánica de los juegos de distribución free to play.

Tiempo atrás, mucho tiempo atrás, cuando una empresa quería ofrecer su juego gratis en móviles, lo que hacía era conseguir beneficios mediante ingresos publicitarios. Nos podía gustar más o menos, ya que en algunas ocasiones el acoso de banners era excesivo, pero la experiencia de partida no se alejaba de la cual estábamos acostumbrados a ver en los títulos de pago. Después llegó la tendencia de los juegos de distribución free to play, que ya habían tenido presencia en PC y que no dudaron en hacerse un hueco entre los sistemas operativos para plataformas móviles.

Estos free to play cambian las reglas. Proponen una experiencia libre de anuncios publicitarios, lo que es de agradecer por parte de las muchas personas que los aborrecieron, y son e distribución gratuita. Pero a cambio de ello lo que hacen es ofrecer muchos de sus contenidos disponibles únicamente a través de microtransacciones. Estas microtransacciones dan acceso a objetos, potenciadores, personajes y mil otras cosas que de otra manera no las podríamos conseguir salvo con suerte o muchísimo esfuerzo. Bajo esta base han nacido montones de juegos, tanto de puzles como de habilidad, gestión u otros géneros. No hay nadie que no tenga su propio juego free to play esperando a captar la atención de los usuarios e intentarles engancharles para hacerles gastar dinero real.

Juego de Los Simpson en iOS

El gancho de muchos de estos juegos se suele encontrar en una rutina demasiado obvia. Los desarrolladores tratan de incentivar al usuario para que juegue, e incluso le regalan moneda virtual de la cual habría que pagar para conseguirla como forma de introducirle en la fórmula. Con esto se crea cierto vínculo entre usuario y juego, consiguiendo que de una u otra manera se interese por el producto. Las primeras horas son divertidas y completas, pero el usuario pronto empieza a ver que va a tener que hacer una de dos posibles cosas si quiere avanzar lo suficiente en el planteamiento del juego. La primera es usar dinero real para comprar monedas de micropago y acceder a objetos y otros elementos. Y la segunda es esforzarse, jugar horas y horas para intentar conseguir esa moneda virtual que nos permita avanzar comprando objetos. Pero este último método no suele proporcionar unos resultados satisfactorios, lo que termina derivando en la frustración por parte del usuario.

Claro está, también se pueden hacer trampas con programas y otras zarandajas, pero no es algo que nos termine de convencer porque también hace que perdamos el interés en el juego. Si trucamos un free to play de gestión y comenzamos con, pongamos, 500 monedas de microtransacción, quizá lo podemos comprar todo desde el minuto después al inicio de la partida. Eso tampoco es divertido.

 Hay Day

El problema de los juegos free to play es que no crean continuidad en el usuario. Jugamos un día, jugamos dos y jugamos tres, pero en cuanto lo dejamos un tiempo no hay nada que nos haga volver. Quizá una actualización o quién sabe si un evento de una fecha especial. Más allá de eso no se crea interés. Sí, son juegos, porque no se pueden denominar de otra manera, pero no son productos que sean beneficiosos para este mercado.

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